Lorea San Martín.

El 8 de marzo de 1990 fui mamá por primera vez y celebré de una manera increíble pero distinta ese día en que nació mi hijo Mateo y fui la mamá más feliz del mundo. Pero mi reflexión no tiene tanto que ver conmigo como mamá sino como mujer. Eran inicios de los años 80, y recuerdo con mucho cariño a Carmen Guitián, la querida Beca como cariñosamente la llamábamos y su famoso taller sobre temas de la mujer, de donde saldrían varias tesis de sociología, entre ellas la de Mercedes mi hermana.

Tuve la oportunidad de trabajar con Beca cuando fui responsable del departamento de Servicio Social, organizando en el Pueblito de Tecamachalco, un programa con estudiantes de Derecho, para defender jurídicamente a mujeres, su patrimonio y patria potestad sobre los hijos. Una época maravillosa en donde el feminismo teórico tenía grandes representantes en todo el mundo. Cuando conocí a Lidia Falcón, una feminista radical perseguida por la dictadura franquista y quien formara en 1976 el Colectivo Feminista de Barcelona y su revista Vindicación Feminista y el Partido Feminista Español.Una década de gran efervescencia social y política en el mundo. De Lecturas y autores imperdibles, el Segundo Sexo de Simone de Bouvoir, Marguerite Yourcernar, Margarite Duras, Isabel Allende, Milan Kundera, Hariki Murakami, El Cuarteto de Alejandría. Películas increíbles como la Guerra de las Galaxias, Sacco y Vancetti, Blade Runner, cantantes como David Bowe, Madona, Mikel Jackson, Cyndi Lauper, Tina Turner, Sade, entre otros cientos.

Años de viajes frecuentes solas o con amigas con quien disfrutamos de una libertad increíble. Dejamos la casa paterna por distintos motivos y nos fuimos a vivir solas y a experimentar la verdadera cara del feminismo. Las frases como “Mujer que no es de un hombre es de todos”. “Si llegan solas las mujeres a algún lugar lo que buscan es a un hombre”. Si estás comiendo con una amiga cualquiera se sentía con permiso para enviarte una copa o invitarte a salir. “La violaron porque iba de noche con ropa provocadora”. “La agredió el novio porque la miró un fulano en la calle”. En el cine no faltaba quien se sentara junto de una mujer a molestarla y en la cola de los dulces o en el camión eran famosos los arrimones. Así cientos de situaciones que escuchamos y que tristemente NO han cambiado en décadas, no importando que se trate de la misma universidad, el transporte público, la calle, la escuela, la casa, la oficina, como si las mujeres solo tuviéramos valor cuando estamos con ellos.

Sabemos que la lucha más dura y difícil que tienen las jóvenes mujeres hoy es en la propia casa. En manos de padres, hermanos, cuñados, tíos y sobre todo, maridos y algunas sus propios hijos. Las historias de violaciones primeras se llevan a cabo en la familia por conocidos. Las muertes son ejecutadas mayoritariamente por sus parejas y en muchos casos las acompañan a la tumba los hijos o sus madres.El maltrato a las mujeres se da en todos los países del mundo. Lo que cambia es que las leyes los prohíben y castigan con mayor rigor en unos más que otros. En algunos no hay impunidad y en otros los actos son solapados por la autoridad. En algunos casos las mujeres son doblemente victimizadas al llegar a las agencias del ministerio público a denunciar.El terror, que no solo el temor, hace de ellas víctimas fáciles, ya que los golpes, los insultos y las vejaciones cotidianas merman su autoestima hasta convertirlas en objetos frágiles.

Conocemos a muchas que no se arriesgan a denunciar y mucho menos a salirse de casa por miedo a la ira de la pareja, a enfrentarse a un mundo para el que no fueron preparadas y a sentirse que no podrán subsistir y por eso aguantan. Esta situación cambiará pero no solo porque luchemos las mujeres. Sino porque lo hagamos en pareja, en conjunto con los hombres que han tomado conciencia de ello. Porque las sociedades necesitan integrantes felices, íntegros. Padres amorosos, que se encarguen de los hijos y la casa cuando les toque y no como ayuda a las mujeres sino como una corresponsabilidad. Si los dos aportan los dos tienen que responsabilizarse. Ello es todavía una aspiración en muchas casas. Las mujeres que trabajan cumplen la doble faena, hacen su trabajo fuera y llegan a la casa a hacer el otro.Y esa es la parte que más me indigna de la hipocresía de la derecha.

Cuántos están dispuestos a dejar su trabajo si el de su mujer es mejor y rinde más. Muy pocos. Los puestos de alto mando en muchas empresas, están diseñados para hombres ya que citan a reuniones de trabajo a horas en que las mujeres debieran ya estar en casa descansando con sus familias. Y si no lo hacen, las despiden no por ineficientes e ineptas sino simplemente por ser mujeres. Muchos desprecian a los padres que son maternales, tienen la idea de que solo vale el padre que es el cabeza de familia, el que provee, el que dice lo que toda la familia debe hacer. EL cambio de mentalidad no está en las mujeres sino en esos hombres. La situación actual sin duda ha hecho que muchos experimenten cambios en su forma de pensar y ver las relaciones de pareja.

Así que para que el feminismo haga cambios reales en las condiciones actuales, se necesita no solo más mujeres en los puestos claves sino una visión distinta de lo que representa la familia en la sociedad actual y el rol que cada uno juega en ella. Si para ser exitosa empresaria, funcionaria o CEO de una empresa debo comportarme como hombre y parecerme a ellos, el sistema no está cambiando, solo está reproduciendo lo de siempre de distinta manera. A quienes utilizan el actual falso debate de feminismo en las redes sociales y en los medios de comunicación privados hegemónicos, las mujeres les importan poco. Pero nosotras tenemos claro nuestro papel y no nos vamos con la finta, no caemos en sus trampas, los conocemos de frente y por todos lados. Los conservadores no son feministas, si no, ya las cosas hubieran cambiado en este país hace muchos muchos años.

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